21 de febrero de 2011

HABLEMOS CON PROPIEDAD

Sólo hay que sintonizar el dial de la radio, escuchar los debates políticos o visionar algún espacio televisivo donde aparecen. Por norma general los hay bien hablados, pero también deslenguados, de lengua bífida y viperina y sobre todos pésimos ejecutores de la lengua castellana.
Ya a principios de siglo el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna, puso el punto sobre las íes y nunca mejor dicho; a la gramática, y expuso principios que en mi profesión son indiscutibles. Entre ellos el prinicipio de la economía del lenguaje, esto es,decir mucho con pocas palabras, capacidad de síntesis en suma.
Eso es algo que sabemos muy bien los profesionales de la comunicación, y que caso de regionalizar los andaluces hacemos día a día sin darnos cuenta. Sin embargo cierta clase política en ocasiones ejecuta todo lo contrario. Discursos largos, opacos, poco transparente, ininteligibles y para colmo inventivos.
Esta semana en la prensa he oído algunos que me han hecho reflexionar sobre el uso que se hace del lenguaje. Cuando hay quienes repiten como borregos frases que algún escriba de político ha inventado para lucimiento del líder, van luego como papagayos y lo repiten hasta la saciedad, y algunos incluso ríen.
“Sed de urnas”, “fondo de reptiles”… etcétera. Pero el ciudadano de a píe ¿los entiende?. Se equivocan quienes creen que cuando se ponen delante de una cámara o de un micrófono hablan para los votantes, los militantes de sus partidos y no para el pueblo en general, con mensajes bien ensartados pero poco estructurados y cargados de frases hechas sin valor.
Hablémosle a los ciudadanos y ciudadanas claro, no más silogismos ni circunloquios porque luego pasa lo que pasa. La abstención domina en las urnas. Me niego a prestar respeto a quienes nos tratan de tontos, o como diría un día un defenestrado político local, “estultos”; porque entonces no nos toman en serio.
El chocolate claro… y el café espeso.

2 comentarios:

Paco Aguilar dijo...

Llevas toda la razón, querida Susi. De este convencimiento parte mi negativa al uso del idiemo según las cortapisas que marca el lenguaje politicamente correcto. Me parece un insulto -y se guramente estarás conmigo- el uso del compañeros/as, amigos/as, etc/etcros.
No entiendo tampoco esa manía que nos ha dado de otorgarle sexo o genero a las profesiones: medico/a, ingeniero/a, arquitecto/a, como si el género diera al ejercicio de la profesión algún carácter distintivo que le hiciera mas apropiado, según sea el caso, a hombres o mujeres.
Saludos.

Galar dijo...

Estupenda reflexión.
Ojalá tomen nota.


Jose M. Pérez