27 de junio de 2009

EL HOMBRE DEL MALETÍN...

Sus pasos recorren cada día las calles jerezanas. Me lo cruzo por la mañana cuando me dirijo al centro con su habitual traje azul y corbata a juego, portando un maletín de cuero en la mano. Quizás supere ya las 80 primaveras pero cada día, inmutable, camina hacia un trabajo que hace años le cerró sus puertas y que dudo exista con certeza. Corroído por la suciedad pero con la decencia de lo que un día fue, el hombre del maletín conquista hora a hora, minuto a minuto, su mundo personal. En su mirada perdida y languida pero con una pose impoluta, acariciada de cierto aire señorial, se adivina la miseria, la melancolía de lo perdido, la tragedia de lo vivido, la desazón de la soledad y lo peor: una indigencia no soñada que lo transporta sin querer al infierno de los excluidos. Él, sin embargo, ajeno a quienes como yo lo miramos, camina errante hacia ninguna parte, hacia una senda tal vez sin retorno y en la que muchos nos adentramos cada día sin darnos cuenta. Según el último estudio de Cáritas, la crisis ha provocado que se atienda al 50% más de personas en el último año, y las estadísticas provocan un auténtico escalofrío. Puede que él no sea el único pero si un vivo ejemplo de lo que la penuria económica puede dejar tras de sí... un guetto de indigencia y de pobreza severa que todavía la sociedad no está dispuesta a reconocer.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pasajero de la vida, en la ciudad de humo y de metal, de horizontes de asfaltos, cementerio de ruidos, que nadie se detiene a escuchar, deambula sin esperar nada de nadie, porque en la multitud se hace invisible, salvo para ti y otros que sabemos que ése es uno de los miles de rostros de la soledad....