5 de julio de 2011

MARCADO A FUEGO

La decoración policromada marcada en la piel, conocida popularmente como tatuaje, no sólo representa un arte más o menos reconocido sino una filosofía de vida. Quienes lo portan, grabado a fuego en su piel, suelen ser personas altamente sensibles y con una sólida percepción de la vida, con fuertes convicciones y de gran autoestima, esa que les lleva a mostrar públicamente lo que más aman, sin tapujos ni vergüenzas adquiridas.


Siempre he admirado la valentía de los tatuados y las tatuadas, por su arrojo en una sociedad que no hace mucho consideraba suburbial este noble arte. Ahora las modas cambian y el tatoo, que dirían los anglo-parlantes, tiene algo de chic y de cult y hasta los personajes de mayor clase social presumen de alguno, como signo de elegancia y modernidad.


Yo conozco a uno de ellos, y simplemente es fascinante su amor por el tatuaje, y de forma más concreta por lo que en ellos ha marcado para siempre en su piel, consustancial para el resto de sus días. Presume como pocos padres de sus hijas, a las que lleva en brazo y gemelos; y al que ayer sumó uno más: el de su otra hija, no genética, pero impresa ya con letras de oro en su corazón. Gracias, gracias.

El camino, dicen, se demuestra andando y no cabe duda que otro nombre femenino se ha mezclado para siempre en las rendijas porosas de su piel y de su sangre. Una demostración de amor fuera de todo cuestionamiento y que sólo los hombres, las personas de verdad y limpias de corazón son capaces de llevar a la práctica….

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